Situado en el entorno arqueológico de San Agustín, el proyecto encuentra inspiración en la espacialidad de los hipogeos de Tierradentro, no como referencia formal sino como una manera de comprender la arquitectura desde la tierra, la secuencia espacial y el recorrido.
La fuerte pendiente separa naturalmente las actividades públicas —planetario, salón de reuniones, café y artesanías— de la vivienda permanente. La arquitectura se desarrolla mediante una espiral descendente que acompaña la topografía.
En el centro aparece un gran vacío contenido por una tapia circular donde convergen el kiosco y un pequeño teatrino. La sucesión de patios, zaguanes, galerías y terrazas establece continuidad con el paisaje del Macizo Colombiano; la vivienda, parcialmente enterrada, se abre a las vistas lejanas mientras protege su intimidad.